Esperanza para España. Vivo con miedo a que los concursantes de “MYHYV” se hagan con el país.

Hace más o menos dos semanas estuve en España visitando a mi familia. Sorprendentemente se habló menos de política que en otras ocasiones, de hecho casi no salió el tema. Es verdad que las circunstancias familiares que me llevaron esta vez a casa eran menos alegres y eso hace que se eviten temas de tan mal gusto como la situación del país. Pero lo terrible esta vez fue lo siguiente:

Una de esas noches en casa puse la tele y ahí estaba: Gran hermano. Durante la media hora que vi el programa, me atrevería a comparar el sentimiento de angustia en mi pecho al que se siente cuando ves al amor de tu vida acostándose con otra: de repente vi una parte del país que no es la que yo echo de menos cada día de mi vida. Aquella gente era capaz de volver a votar al PP en las próximas elecciones. Era un país que yo soy incapaz de entender y del que sentía una terrible vergüenza ajena. La peor media hora que he tenido en mucho tiempo (y vivo en una ciudad donde el sol no sale demasiado a menudo).

Necesitamos más inversión en educación, y en muchos casos con efecto retroactivo. España debería temer más a los concursantes de mujeres y hombres y viceversa que a los ataques terroristas. Los condidatos ya están ahí, piensan quedarse y no sabemos con qué rapidez están aumentando de número.

Desde luego, algunos canales de televisión deberían de tener constantemente una advertencia para que las personas sensibles y no acostumbradas a ese tipo de programas no se lleven tal susto cuando ponen la tele. Igual es momento de volver a poner los dos rombos.

 

Ole a ellas

 No hay nada como los domingos en los que recompones con tus amigos la noche del sábado.

mujer

Y, después de charlas, recuerdos, fotos, música, bailes y muchas risas, tengo que gritar un “ole” por todas las chicas a las que aquel “adios” nunca les quitó el sueño; por todas las que volvieron a subirse al tren y no se quedaron esperando en la estación. Porque no somos el sexo débil, ya no.

Llegó la Navidad

Panorama vom Weihnachtsmarkt in Bremen, © Jonas Ginter / BTZ Bremer Touristik-Zentrale

Foto: Mercado de navidad de Bremen

Por lo visto ya llegó la navidad. Se sabe cuando decoran las calles y las tiendas ponen el árbol, que es más o menos a finales de agosto. En navidad se supone que todo es más bonito. Compramos como locos, bebemos como cosacos y comemos como cerdos. Y todo esto es una alegría. El frío no nos importa  y que nieve se convierte en algo precioso. Yo antes compartía esta opinión – cuando vivía en ciudades en las que no nevaba-. Resulta que la nieve es una cosa blanca y reluciente que tiende a convertirse en una sustancia marrón que parece barro y mancha como si fuera barro, pero además está helado, con lo cual crea una sensación mucho más angustiosa.

El frío es, para mí, lo más característico de la navidad. Y es que, para entender esto, hay que vivir en los países de la Europa profunda, donde, sin estas festividades, el invierno (que dura aproximadamente once meses) es una época del año que ningún ser humano debería pasar la tortura de vivir sobrio de principio a fin. Si nadie se hubiera inventado estas fiestas, probablemente el aburrimiento hubiera matado ya más población que la peste negra. Así que después de todo, le debemos la vida aquellos que vivimos la navidad que se vende en las postales.

 Felices Fiestas!!!

HÉROES DE PELÍCULA

Todos hemos visto las películas a las que me refiero: son esas donde hay un héroe que está a punto de morir injustamente y hay que salvarle. No podemos dejar que un inocente muera, „Dios nos libre“. Y para salvarle, aparecerá un grupo de personas con motivos diferentes que estarán dispuestos a morir luchando.

Aquí se da un caso que siempre se repite: hay un guapo o guapa; un valiente, uno que normalmente va por libre pero en este caso tiene un motivo para querer vivo al muchacho en cuestión o comparten enemigo, en cualquier caso, tiene el mismo objetivo que el resto; uno que tiene un objetivo totalmente dferente, pero quiere muerto al malo; hay uno que tiene pura devoción por las causas justas y otro que está de paso pero que se une al grupo y cumple las órdenes.

Ya tenemos un equipo. Casualmente saben pelear, incluso el que menos sabe, aprenderá rápido. Y alguien se enamora de alguien, alguno lucha por amor.

La causa llevará al grupo a la mayor de las catástrofes. Y, probablemente, morirán un montón de inocentes en el camino. Pero no importa, porque al final el malo no se saldrá con la suya y entonces habrá merecido la pena que 100 inocentes mueran para que viva el inocente al que queríamos salvar en primer lugar.

¿Hola? ¿No buscábamos justicia? La justicia se acaba convirtiendo en un recurso que sólo se utiliza al principio, mientras se explica la creación de la trama. Después, se relativiza hasta tal punto que se pasa por alto, pensado que el fin justifica los medios. Un fin que cambia a medida que la trama evoluciona: pasa de ser la lucha por una causa justa, a una batalla campal en la que muere todo cristo para salvar a un tío (que ya puede estar bueno), y cada sacrificio se convierte en un motivo más para querer acabar con el malo, como si el bueno no fuera responsable de las muertes en el camino.

Y encima se llevará a la chica. Una chica que ha sufrido como nadie pensando que él va a morir; una cuya vida ha estado en peligro por creer en él. Pero en vez de pensar „este capullo me va a llevar directica a las drogas“ piensa „qué malvado es el malvado, mi chico bueno, en cuanto mate a unos cuantos ( porque es muy importante lo que está haciendo), entonces vendrá a rescatarme, y como confío tanto en él, sé que llegará a tiempo, así que no voy a poner demasiado esfuerzo en soltarme estas cuerdas, me limitaré a revolverme en la silla“. Una sufridora. A todo esto, ella confía plenamente porque sabe que cualquier chico bueno que se precie sabe cómo usar armas, y abrir cajas fuertes para encontrar cosas importantes que salven su vida, y sabe poner coches en marcha justando dos cables pelados, y repartir hostias como panes. Si, defitivamente, su chico es un santo, y por eso la rescatará en el últmo momento. Él, o algúno de esos amigos suyos tan fieles y buena gente. Y el otro llegará en el momento justo, cuando ella caiga débil al suelo después de haber pasado por unas leves torturas. Ahí estará él para preguntarle: ¿Cómo estás? Y ella, en vez de decir: „pues hecha una mierda, puto sádico delincuente“, dice: „muy bien“. Y le sonríe satisfecha porque su héroe lo ha conseguido: se ha salvado el culo y ha matado a los homres que se ponían en su camino y, probablemente también ha robado algún coche para llegar antes a alguna parte, sin que a nadie le importe que el dueño es un ciudadano normal que lo mismo perdió el trabajo por llegar tarde, o igual tenía una cita y nunca llegó o quería ir al hospital a visitar a su abuela. Pero a nadie le importa… Y le dejan el coche pisoteado, rayado, aplastado y medio quemado en la otra punta de la ciudad… será que los americanos tienen siempre seguro a todo riesgo.

La Pared Más Grande del Mundo

Mi viaje empezó en cuanto aprendí a andar. Fue entonces cuando entendí que habia todo un mundo por descubrir. A los dos años me escapaba de casa. No porque estuviera mal -tenía una familia encantadora y una madre que me adoraba sobre todas las cosas,- simplemente no existía para mí el concepto de las barreras físicas. Mi madre, que no compartía esta idea, puso unas cuantas para impedir que me fuera. Entre ellas una puerta de metal que, sin embargo no era lo suficientemente alta, lo que me permitía saltarla ayudándome acercando unas macetass que hacían de escalones y apoyándome a un muro que había al lado. No lo hacía como gesto de reveldía, simplemente no veía una barrera, veía un camino que ahora era diferente. Yo sabía que mi madre prefería que me quedara en el patio de casa, y ella que yo prefería salir, así que, desde el punto de vista de una niña de dos años, aquello era un claro empate.

El concepto de “barreras” lo aprendí más tarde, cuando un montón de gente se empeñó en decirme que todo lo que yo quería alcanzar era inalcanzable e imposible para mí. ¿Por qué? Porque así lo habían aprendido ellos en sus primeros años de vida. Menos mal que siempre fui una soñadora despistada que no escuchó la lección que “los demás” impartían.

Escena de desamor

– ¿A dónde vas?

– A dar una vuelta.

– ¿Con quién?

– Con un amigo.

– ¿Con un amigo?

– Si.

– ¿Le conozco?

– Puede.

– ¿Cómo se llama?

– Arturo.

– ¿No será Arturo Valente?

– Si.

– ¿Te  lo estás follando?

– Si no me hicieras tantas preguntas ya estaría de vuelta, y resulta que no he conseguido ni ponerme el abrigo por tu culpa.

– ¡Te lo estás follando…! ¿Sabes que está casado? ¿Y que tiene putas como tú a montones para cuando se le antoje?

– Cállate.

– ¿Qué te crees? ¿Que eres la primera golfa que se la chupa por un papel? Ni serás la última. Y desde luego, tampoco la que mejor lo haga.

– Te jode porque él tiene polla y tú no. ¿Por eso estás celosa? ¿Porque me enrollo con un tío? Y encima voy a triunfar.

– Se te van a acabar los directores mediocres que dan trabajo a cambio de favores sexuales. Yo que tú empezaría a estudiar interpretación, porque en cuanto te salga la primera arruga, ya puedes ponerte desnuda a cuatro patas, que no te van a mirar ni para esquivarte.

– Al menos aun puedo elegir. Tú vas a tener que quedarte esperando a que otra „golfilla como yo“ sin reparos al lamer un coño esté tan desesperada por un trabajo, que se te acerque.

– Estoy con alguien.

– Si, ya… no me vas a poner celosa.

– No era mi intención.

– ¿Ah si? ¿Y con quién estás?

– No es de tu incumbencia.

– Que casualidad que me lo dices justo ahora, cuando te enteras de que me tiro a Arturo Valente.

– Ya lo sabía tonta. En este mundillo todo se sabe. Pareces nueva. Me lo contó su mujer. Por cierto, ya está todo el pescado vendido. Vas a tener que elegir otra película.

– Eres una bruja amargada.

– Y tú me debes el alquiler. Así que si se la vas a chupar a alguien hoy, pídele que te pague por adelantado, no se admiten más préstamos en esta casa.

– Laura, espera… yo no hablaba en serio. Vale, ya sabes que se me va la lengua, y que a veces no me controlo pero yo te quiero… esto es sólo una bronca más…

– No te rebajes, no te hace falta, de verdad.

– Llevamos cinco años juntas, no hablas en serio. Nosotras queremos hacernos viejitas juntas, y viajar por el mundo, y hacer voluntariados en países subdesarrollados…

– No, no queremos. Ponte el abrigo anda, que se te hace tarde. Y Arturo tiene reserva en el japonés a las nueve y media con Ángela, así que no tienes todo el tiempo del mundo.

– No quiero salir. No quiero irme. Quiero quedarme contigo.

– ¿Te asusté con lo de las arrugas? No te preocupes mujer, aún puedes conseguir un trabajo importante antes de que eso pase. Si no vienes a dormir, mejor, no voy a estar sola.

– ¿Por qué me haces esto?

– Porque un día te quise. Gracias a eso no están tus cosas esparcidas por la calle, o en ebay.